El pueblo que no debería ser miserable. Víctor Zevallos Santamarina

 El pueblo que no debería ser miserable.Víctor Zevallos Santamarina.

 
He visitado Iquitos y Chanchamayo. En ambas ocasiones regresé a casa muy contento, lleno de anécdotas, recuerdos, con ganas de volver pronto y de publicitar mi agradable estadía para que otros se animen a conocer estos lugares. Por eso cuando supe que mi trabajo me llevaría a Puerto Maldonado supuse que la tristeza de estar lejos de mi hogar sería recompensada con una ciudad que me esperaría para ser descubierta. Pues, no tenía tanta razón.
Puerto Maldonado me recibió con una vista hermosa de su vegetación, que desde la ventanilla del avión es más que impactante, sin embargo también lo son los enormes vacios donde la ausencia de verde es llenada con el color de la tierra muerta a manos de las dragas y “chupadoras”, armas de la minería ilegal, que aún no es erradicada y que mata todo lo que toca.
Ya estando en la ciudad me embarqué junto a mi padre hacia Iñapari, pequeño, repito pequeño pueblo, colindante con la frontera con Brasil. Iñapari es un pueblito con una plaza de armas muy venida a menos, con un comercio regular y dos restaurantes para turistas. Lo demás son más bien casas que venden comida, no hay pan porque no hay panaderías, y el comercio de comida no abre todos los días debido a que los mejores clientes son brasileños que llegan en su mayoría los fines de semana para comer y tomar alcohol, ¿por qué? porque en Brasil la mayoría de edad es a los 21 años y niños cruzan la frontera para poder degustar legalmente de la droga social.
Iñapari tiene una discoteca que siempre está repleta, un estadio con el césped de casi medio metro de alto y muchos haitianos que se pasaron desde Brasil, cuando no encontraron el cobijo prometido después del terrible terremoto del 2010.
Antes de salir nuevamente hacia Puerto Maldonado, crucé la frontera y fui a conocer Assis un pueblo brasileño, que debo admitir, deja opacado a Iñapari y también a Puerto Maldonado. Assis tiene varios restaurantes, una plaza de armas limpia y hasta un súper mercado en el que aceptan dólares, reales y nuevos soles.
Al regresar a Puerto Maldonado me enteré de muchas cosas interesantes. Por ejemplo: Las discotecas funcionan todos los días hasta las 5.00am; que el consumo de cerveza es tan alto que los repartos se dan toda noche; que el mejor lodge vacacional se encuentra a unas dos horas en “yate” y su costo es imposible de cubrir por el habitante promedio de la ciudad; que parece ser que hay más cusqueños y pucallpinos que oriundos del lugar; que la prostitución aumentó con la fiebre del oro y ese mineral es el que de alguna forma mueve la economía de la ciudad.
Puerto Maldonado tiene un par de hoteles muy buenos, sin embargo con pocos turistas. Más bien son copados de ingenieros y empresarios del rubro forestal y minero.
La conexión a internet es lenta o nula, en el tiempo que estuve allí nunca pude iniciar una video-llamada para ver a mi esposa e hija.
Pero tiene muchas cosas buenas, listas para ser explotadas y otras mejores que son aprovechadas a medias. Hay mucha selva para explorar pero se necesita una mejor promoción para que el turismo interno se mueva; el transporte es caro pero abundante, es la única ciudad de zona selva en la que he visto el uso correcto del casco, su aeropuerto Padre Aldamiz es pequeño y muy ordenado; la gente es muy amable y hay una población joven, que con los medios adecuados, podrían llegar a ser excelentes empresarios del turismo o técnicos en los sectores de la agricultura, ganadería, minería, y sobresalir en temas forestales.
Finalmente es preciso resaltar que el oro está matando a Puerto Maldonado cuando podría darle más vida. La minería ilegal es sangrientamente lucrativa y no podemos permitir que esta ciudad se acostumbre a ella o sino pronto la hermosa vista del río que tiene el restaurante “La Balsa” será dañada por una draga. Puerto Maldonado tiene todo lo necesario para ser un referente en turismo, la riqueza está al lado del río.
Espero se dé el día en que pueda volver a Puerto Maldonado junto con mi familia, espero que ese día sea pronto, espero que pueda conocer todo lo que ésta vez se me negó, y que no me toque ir cuando el guía empiece su ponencia diciendo: “Aquí había…”
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3 comentarios sobre “El pueblo que no debería ser miserable. Víctor Zevallos Santamarina

  1. Hay muchas cosas que usted dice que son simplemente pésimas, espero no regrese a Puerto Maldonado y si es que lo hace, infórmese primero y luego hable.

  2. Sr. ………., sí espero volver a Puerto Maldonado (de hecho ya he vuelto muchas veces por trabajo), quiero llevar a mi familia y ojala todo sea mejor que cuando lo dejé, si Ud. tiene otra visión del lugar me alegro. Saludos.

    Victor Zevallos Santamarina

  3. Sr. ………….., lo cierto es que siempre vuelvo por trabajo, y espero que la situación mejore para todos allá, sí Ud, tiene otra visión del lugar me alegro mucho. Saludos.

    Victor Zevallos Santamarina.

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