Las crónicas sin papel de Daniel Alarcón.

Texto publicado en el Mercurio chileno. Las crónicas sin papel de Daniel Alarcón. Entrevista. Invitado al García Márquez  de Periodismo, en Colombia. Juan Rodríguez M. desde Medellín. Acá.

daniel alarcón
El escritor peruano-estadounidense lidera hace cuatro años Radio Ambulante, el podcast que lo reconcilió con la literatura y que lleva “la estética de la crónica” desde la prensa escrita a la radio, para contar historias sobre esa América Latina que va desde Estados Unidos a Chile. De eso habla en esta conversación, y también de la Norteamérica más racista que encontró a Donald Trump al candidato de sus prejuicios.
La urbe sin nombre de Radio Ciudad Perdida (2009) -la primera novela de Daniel Alarcón (Lima, 1977)- es un lugar de fosas comunes, desaparecidos, viajes de más de una ahora para ir del trabajo a la casa, bocinazos acompañados por “el estruendo de mil motores”, una “extraña e infeliz ciudad de ruidos y mugre”. Un lugar, también, de noticias ficticias aprobadas por el gobierno y titulares enviados previamente a la censura, en el que estas costumbres se viven como humillaciones insignificantes frente a la cuales Norma, la protagonista, resiste con la siguiente idea: “No se puede cambiar el mundo”.
Otro tanto hay en la segunda novela de Alarcón, De noche andamos en círculos (2014). En ella, una combativa compañía de teatro intenta renacer en una sociedad que es resultado de una guerra, cuya capital es heredera de un gobierno derrocado, presos políticos, cárceles atochadas, familias divididas, desplazados -“los que podían marcharse, lo hacían”-, destrucción y reconstrucción, nubes grises, modernidad tipo casino, memoria y olvido. Y que, sin embargo, muestra en la noche “su rostro más atractivo: la de una metrópolis digna y laboriosa, ocupada por marginados y oportunistas; redimida día a día por el triste esfuerzo de estos y por su deseo apenas sublimado de mandarlo todo al diablo a cambio de un momento de placer”.
Cuando Alarcón publicó Radio Ciudad Perdida , reconoció que la realidad latinoamericana -¿no es eso lo que se describe arriba?- era una obsesión para él. Una que tal vez, o quizás de seguro, provenga del hecho de ser un peruano que a los tres años dejó su país, pues su familia se radicó en Birmingham, Alabama, Estados Unidos, donde creció y se educó en inglés, el idioma de sus ficciones. Las mismas que le valieron ser reconocido como uno de los mejores escritores jóvenes de Latinoamérica… y de Estados Unidos (su perfil de Wikipedia en inglés lo presenta como “an American author” , mientras que en español es “un escritor de nacionalidad peruana y estadounidense”).
Fracasar y experimentar
El interés de Alarcón por América Latina encontró otro canal de regodeo: la radio o, más precisamente, un podcast en español llamado Radio Ambulante, que comenzó junto a su mujer, Carolina Guerrero, y que busca “llevar la estética de la buena crónica de prensa escrita a la radio”, según se lee en su web (radioambulante.org).
Además, la radio y el periodismo -protagonistas de sus dos novelas- le permitieron a Alarcón reconciliarse con la literatura: comenzó “uff, por 2005, por ahí”, a escribir De noche andamos en círculos , y en diciembre de 2010 desechó las cuatrocientas páginas que tenía. ¿Por qué? “Muy simple: la novela era muy aburrida”, confiesa. En 2011 se inició el podcast , aunque “a puerta cerrada hasta enero de 2012”. El mismo 2011, Alarcón comenzó una segunda versión de su libro. “En medio de armar RA y aprender a editar en audio, en junio del 2011, me mudé por el verano a un pueblo al norte de San Francisco. Pasé los primeros días releyendo mi novela. Verifiqué que era muy mala. Me deprimí. Bajé un programa de edición (Hindenburg) y para pasar el tiempo lo aprendí. Luego volví a la novela y decidí no rendirme”. Se publicó en 2013 en inglés y al año siguiente en español. Hoy, Alarcón y su esposa viven, junto a sus dos hijos, en Nueva York, donde él es profesor de la Facultad de Periodismo de la Universidad de Columbia.
-¿Radio Ambulante lo ayudó a terminar su segunda novela?
-Me ayudó enormemente. El protagonista de la novela, finalmente, es un tipo, como yo, jugando a grabar audios.
El proyecto -que, junto al matrimonio Alarcón-Guerrero, tiene un equipo de trece personas, fuera de la comunidad de cronistas que también lo nutre- ganó en 2014 el Premio Gabriel García de Márquez de Periodismo, categoría Innovación, que entrega la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano. La semana pasada, Alarcón volvió a Medellín, donde se entrega el premio y se realiza un festival que lo acompaña, ahora como invitado para hablar sobre cómo los temas “hispanos” ganan espacio en la agenda estadounidense.
-¿Cómo surgió el podcast?
-Pues, como todo proyecto, Radio Ambulante tiene muchos puntos de partida. Uno fue la gran frustración con De noche andamos en círculos . Sentí que había llegado a un punto en el que ya no avanzaba. Es más, boté la novela a la basura y me puse a pensar “qué voy a hacer con mi vida y qué voy a hacer profesionalmente”. Y, en una etapa de experimentos, se nos ocurrió a mí y a mí mujer tratar de hacer un proyecto como este. Yo siempre había escuchado radio pública en Estados Unidos, y además mi papá había sido locutor de radio en Arequipa, Perú; entonces tenía la radio muy presente. Y bueno, de ahí en adelante el asunto fue experimentar y pensar que teníamos la posibilidad de hacer algo que no se estaba haciendo, es decir, llevar esta estética de la radio pública estadounidense a la crónica latinoamericana, y recrear la crónica latinoamericana en audio. De modo que es una ambición que resultó, un poco, de estar huyendo de un fracaso artístico y, otro poco, del deseo de hacer algo juntos con mi esposa.
En Radio Ambulante, junto a crónicas sobre la caída del Presidente de Guatemala, el agobio que significa vivir junto a las maras -pandillas dedicadas al asesinato, narcotráfico, secuestro, tráfico de armas…- en El Salvador, o acerca de un hombre que descubre que es hijo de unos guerrilleros, también hay otras sobre la Copa América de Chile, el descenso de River Plate a la segunda división del fútbol argentino, diálogos con periodistas y escritores. E incluso una sección en la que escritores como Yuri Herrera, Alejandro Zambra, Ricardo Sumala y Guadalupe Nettel leen su obra.
“Lo más importante para mí”, explica Alarcón, “es que cada historia tenga, como una novela o como un cuento, un motor narrativo y dinamismo, es decir, que tú espichas (pones) play y quieres escucharlo hasta el final”. Para eso, dice, lo importante es tener “una historia con personajes, con drama, con energía” y no solo un tema general. Y, claro, que esos personajes estén dispuestos a compartir su historia. “Si no tienes eso, pues no tienes nada”
-Escribe sus ficciones en inglés no por opción, sino porque se educó en ese idioma. ¿El podcast le ha permitido un reencuentro con el español?
-Sí, sin duda. Además tengo la posibilidad de escribir en español (los guiones), pero en el registro que manejo mejor, el oral. No escribo un español académico, ni siquiera literario, sino que el lenguaje de la radio, que yo siempre he tomado como el que uno usa contándole una historia a un amigo en un bar.
-¿Lo cansó la ficción?
-Sí. Se podría decir que me cansé. Ahora estoy recuperando energías, y me comienzan a picar los dedos. Creo que el 2016 o 2017 vuelvo a la ficción.
“Nos odian”
El racismo de Donald Trump y la intención de Hillary Clinton de ser la “portavoz y defensora de los hispanos”, demuestran que la comunidad latina no solo importa demográficamente en Estados Unidos (55,4 millones de personas, o sea, 17,3% de la población total), sino además que es un tema político. Y lo es, según Alarcón, “porque no se ha resuelto de manera justa ni humanitaria el tema de la migración. Hay dos partidos grandes y uno de ellos, el Republicano, simplemente detesta a los latinos. Nos odian. Pueden decir que no es cierto, pueden decir que no son racistas, pero es falso. Sí lo son. La sola presencia de barrios donde se habla español, de indocumentados que son de tez morena, pero son gringos porque han crecido en Estados Unidos, la diversidad étnica que se ve ahora en las universidades y en las ciudades, ese simple hecho le hierve la sangre a mucha gente en el país. Mira solo el fenómeno de Trump. Trump llega a liderar las encuestas en Estados Unidos porque juega una carta muy potente, llena de furia y de rabia, diciéndole básicamente al pueblo anglosajón de Estados Unidos: ‘Mira, estos indocumentados mexicanos te están robando todo’. Y funciona”.
Por eso no debiera llamar la atención que Radio Ambulante se describa como “un podcast que cuenta historias latinoamericanas provenientes de todos los países de habla hispana, incluyendo Estados Unidos”. Y tampoco debiera extrañar que Alarcón responda “sí, por supuesto”, cuando se le pregunta si Estados Unidos también es parte de América Latina: “Hay entre treinta y cinco y cincuenta millones de hispanoparlantes -dice-. Y hay millones de inmigrantes recientemente llegados, que están viviendo una realidad bicultural, binacional, donde en su casa están en El Salvador, y en la calle están en Estados Unidos. O, incluso: en su casa están en El Salvador, en su barrio están en México y en el ámbito laboral están en Estados Unidos. Claro, las fronteras políticas en el mapa son reales, pero las fronteras culturales son absolutamente fluidas. Donde yo voy, llevo a Perú conmigo, donde tú vas, vas a llevar a Chile. Y nosotros en Radio Ambulante también queremos celebrar el hecho de que Estados Unidos es parte de América Latina, y de que América Latina es parte de Estados Unidos. Me parece más que obvio”.
-¿Hay que tomarse en serio a Trump?
-Puede ser una payasada que igual hay que tomar en serio. No creo que llegue a ser Presidente, pero en cierto sentido el daño ya se ha hecho, porque quedó demostrado, otra vez, que uno puede ser cruel, racista, misógino y conseguir el 30% del voto de uno de los dos partidos políticos importantes de un país que se llama líder mundial o superpower o lo que sea. Entonces, ¿es un payaso?, pues sí, puede ser. Pero es un payaso que delata algo muy oscuro dentro de la sociedad gringa. Desenmascara que hay odio ahí, que hay mucho odio.
-¿Cómo se muestra ese odio?
-Se vive un momento súper interesante en Estados Unidos: (el movimiento) Black Lives Matter, que mi hijo solo conozca un Presidente negro y no sepa lo históricamente loco que es eso, el tema de la inmigración, el racismo con el que han tratado a Obama desde el primer día… Mira, hombre, yo vivía en Oakland (California) cuando a Obama lo eligieron. Me acuerdo muy bien, yo fui a voluntariar por Obama en Nevada, en Las Vegas, y volví la noche de las elecciones, cuando ya era claro que había ganado. Fui directo desde el aeropuerto a un bar donde estaban unos amigos míos, y la onda era, pues, de una fiesta, todos bailando. Al día siguiente me acuerdo que en mi barrio, que era muy mixto -de negros, blancos, hispanos, un poco de asiáticos-, tú caminabas por las calles y a todos los negros con los que te cruzabas les veías un orgullo en la sonrisa, en la manera de caminar. Y eso desapareció cuando se dieron cuenta, y cuando nos dimos cuenta, de que le iban a hacer una guerra a Obama, que no habíamos ganado. O, mejor dicho, si nosotros pensamos que habíamos ganado, el otro lado pensaba que había perdido una batalla, pero que la guerra continuaba. Fue muy inocente de mi parte creer que la elección de Obama representaba un cambio en el país. Más bien lo que ha hecho es marcar y dejar claro lo polarizados que estamos. Estados Unidos no es un país, son dos países… O más.
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